La cesta. Por Antonio Revilla.
La cesta llegaba puntualmente cada año, semanas antes de Navidad. Era una de aquellas maletas de mimbre, con asa y herrajes pintados de un marrón oscuro, asegurada con cordeles, de los que colgaba una tarjeta de cartón con nuestro nombre en el anverso y la dirección de mis abuelos en el reverso.
Nos reuníamos alrededor de mi madre para no perdernos detalle del rito de abrirla, cortando con cuidado los cordeles, que se guardaban, e incluso la tarjeta, que podía reutilizarse escribiendo “remite” sobre nuestra dirección: como veis, el reciclado no es un invento moderno. La tapa se levantaba, y el contenido aparecía ante nuestros ojos admirados.
Lo primero que veíamos eran los membrillos y las nueces: el pardo oscuro de las cáscaras de nuez, y el amarillo dorado de la piel del membrillo. Conocíamos bien esas nueces, pequeñas y prietas, que aún conservaban su telilla negra, y esos membrillos fragantes y de carne dura, gustosa, que a veces se guardaban en los armarios, como precursores de los ambientadores; pero nueces y membrillos eran apartados, y mi madre levantaba la tela blanca que escondía los tesoros que todos esperábamos.
Nada más apartar sus pliegues, allí estaban ante nosotros, negras, redondas, encerrando mil promesas de placer, las tortetas y las morcillas. Sabíamos que venían del mismo tocino que, durante el verano, habíamos alimentado en la cuadra, bajándole cada día su pozal de pastura, aquellos tronchos de col, las peladuras de patata cocidas durante largas horas sobe el fuego de la cocina de leña. De la sangre de aquel tocino, del arroz, de los piñones, del trabajo de las mondongueras durante las largas horas de la matacía, venían aquellas maravillas que ya degustábamos con la imaginación, fritas, calentitas… o, casi mejor aún, frías la mañana siguiente, cuando, más o menos furtivamente –porque todos sabían que era yo- acababa con los restos de la cena.
Pero mejor aún que la promesa del sabor era el olor, ese aroma que, ahora, cuando escribo, evoco con la misma intensidad de siempre. Olía las tortetas y las morcillas, aspiraba el aire intensamente, para que inundase mis pulmones, y el efecto era inmediato: salía de mi casa barcelonesa, volaba sobre las viejas carreteras interminables, las largas travesías de los pueblos, las incipientes caravanas de seiscientos, doscaballos y pegasos, pasaba ante las obras de los pantanos, erizadas de grúas, subía sin esfuerzo las rampas del Alto del Pino, y en pocos segundos ya tenía a mis pies los campos del Sobrarbe; dejaba a mi derecha la Peña Montañesa, saludaba las cimas nevadas de Treserols, y descendía lentamente, muy lentamente, guiado por los reflejos del sol en las aguas de mi río entre los chopos desnudos y las sargas moradas del otoño.
14.12.09
13.12.09
Denominación de Origen
El grupo sobrarbenses que tocó ayer en Punchacubas.
Un breve fragmento... la calidad no es buena... estoy intentando mejorarla.
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denominación de origen
Col de Boucharo
Col de Boucharo. Por Antonio Revilla
Quando los primeros rayos del soleil ya pasan por encima de la Penna Montannesa, hace tiempo que soy llegado a la raya del col de Boucharo; me siento en una pierre, sudando, me desabrocho el chaleco, m’aflojo la corbatte, y espero los guías de Toglá que suben a buscarme con los machos, para ajudarme con los bagages, que porto tres baúles medianos y mi cammera fotografíca compacta de 18 kilós.
Dejo detrás la dulce France, y a mis pies se extienden las azules montannas del Sobrarbe. Ayer, cuando me despedía de los amis, se rigoleaban bien de mi: “Le Sobrarbé, le Sobrarbé, tiens!, que es que tu le encuentras a le Sobrarbé? Un pays de sauvages, de hommes que s’afeiten con la dalle, que sienten como les boucos… Has tu conocido alguna bella sennorita, hein?” ¿Cómo les decir que amo bien esas tierras duras, esas gentes, que ahora que sé que he vuelto mi coeur batte como el de un garçon que sale con una fille por la primera vez?
Ya siento las voces de los guías: pronto bajaremos por las rápidas pendientes, y entraremos una vez más en su village: todos nos estarán esperando en la plazá: los pequeños infantes roñosos y de pies nudos, las viellas de negro, con sus moustachos, los viellardos, de calzón corto, que siempre me dicen lo mismo… “¡Ah, cagüén, el francés, qué jodido…! ¿otra vez dando mal por aquí…? ¿Qué no tiéns casa…?” Si que en tiengo, si: aquí, entre vosotros…
Me llevarán a la mejor maisón, y me ofrecerán la alcoba de la vieja cama de colchones altos y mantas lourdas: cenaré farinetas de afrecho hechas con sebo y ajo, beberé vino aspro y piqué, y vendrán a me visitar el curé y los carabineros, tan gentiles, que ya no me demandan los papiers, y me saluden llevándose la mano al tricuerno.
Mañana, cuando me leve, sortiré a los caminos y las routas del Sobrarbe, recorreré sus pueblos, faré des fotós de sus iglesias, sus casas, sus sennoras de vestidos almidonados, sus comerciantes hospitalarios que están inventando le tourisme rural… pasaré pour las gargantes, veré los fleuves cantando sobre sus pierres blancas, los árboles, los mallos y las cimas… grabaré todas esas cosas en mi coeur, porque sé que alguna vez será la dernière, que no volveré pas, que yo moriré lejos de aquí, en tierra llana, y que nádie se acordará de aquel franchute que los ha tanto amado bien.
Los guías son llegados: Sobrarbe me espera: allons-y, Lucién!!
Quando los primeros rayos del soleil ya pasan por encima de la Penna Montannesa, hace tiempo que soy llegado a la raya del col de Boucharo; me siento en una pierre, sudando, me desabrocho el chaleco, m’aflojo la corbatte, y espero los guías de Toglá que suben a buscarme con los machos, para ajudarme con los bagages, que porto tres baúles medianos y mi cammera fotografíca compacta de 18 kilós.
Dejo detrás la dulce France, y a mis pies se extienden las azules montannas del Sobrarbe. Ayer, cuando me despedía de los amis, se rigoleaban bien de mi: “Le Sobrarbé, le Sobrarbé, tiens!, que es que tu le encuentras a le Sobrarbé? Un pays de sauvages, de hommes que s’afeiten con la dalle, que sienten como les boucos… Has tu conocido alguna bella sennorita, hein?” ¿Cómo les decir que amo bien esas tierras duras, esas gentes, que ahora que sé que he vuelto mi coeur batte como el de un garçon que sale con una fille por la primera vez?
Ya siento las voces de los guías: pronto bajaremos por las rápidas pendientes, y entraremos una vez más en su village: todos nos estarán esperando en la plazá: los pequeños infantes roñosos y de pies nudos, las viellas de negro, con sus moustachos, los viellardos, de calzón corto, que siempre me dicen lo mismo… “¡Ah, cagüén, el francés, qué jodido…! ¿otra vez dando mal por aquí…? ¿Qué no tiéns casa…?” Si que en tiengo, si: aquí, entre vosotros…
Me llevarán a la mejor maisón, y me ofrecerán la alcoba de la vieja cama de colchones altos y mantas lourdas: cenaré farinetas de afrecho hechas con sebo y ajo, beberé vino aspro y piqué, y vendrán a me visitar el curé y los carabineros, tan gentiles, que ya no me demandan los papiers, y me saluden llevándose la mano al tricuerno.
Mañana, cuando me leve, sortiré a los caminos y las routas del Sobrarbe, recorreré sus pueblos, faré des fotós de sus iglesias, sus casas, sus sennoras de vestidos almidonados, sus comerciantes hospitalarios que están inventando le tourisme rural… pasaré pour las gargantes, veré los fleuves cantando sobre sus pierres blancas, los árboles, los mallos y las cimas… grabaré todas esas cosas en mi coeur, porque sé que alguna vez será la dernière, que no volveré pas, que yo moriré lejos de aquí, en tierra llana, y que nádie se acordará de aquel franchute que los ha tanto amado bien.
Los guías son llegados: Sobrarbe me espera: allons-y, Lucién!!
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sobrarbe una tierra
12.12.09
Presentación de la campaña de Navidad de Cáritas Sobrarbe
Esta próxima semana, el martes 15 a las 18:00 horas Caritas Sobrarbe presenta la campaña de Navidad de este año.
Será en la torre del Homenaje del Castillo de Aínsa.
Será en la torre del Homenaje del Castillo de Aínsa.
Amargo adios
AMARGO ADIOS (Un pueblo de Sobrarbe, año 1977.) Por Antonio Vila
El destino había decidido que Jesús debiera nacer en aquella tierra dura y desagradecida ochenta años atrás. Tierra de pueblos desolados y casas en ruinas: “Sobrarbe”. Hoy aquella palabra no significaba casi nada. Tan apenas se utilizaba. Sin embargo, aquel nombre y aquella tierra encerraban siglos de historia.
Tiempos en que sus habitantes habían luchado por su territorio y por su libertad escribiendo páginas imprescindibles para poder comprender el nacimiento del poderoso reino de Aragón.
Conoció, a lo largo de su vida, todo tipo de miserias y privaciones. Se sentía orgulloso de haber vivido todo aquello, o mejor dicho, de haberlo sobrevivido. Y, sobretodo, de haber podido dar a sus hijos una vida mejor que la suya, lejos de allí. Ahora se encontraba solo, viudo, y lejos de su familia. Viendo cada día el mismo paisaje, las mismas calles empinadas cada vez más desiertas. Apenas quedaban ya jóvenes y niños. ¿Quién iba a querer vivir allí? Pero Jesús tenía motivos para sentirse feliz. El domingo vendrían sus hijos y le llevarían con ellos. En Barcelona no le faltaría de nada. Buen clima, calefacción en el piso y todas las comodidades de las que aquí carecía. Le habían preguntado si echaría de menos el pueblo. ¿El qué?, si en su pueblo ya no quedaba nada que echar de menos.
Llegó el día señalado y Jesús hizo las maletas sin vacilar. Se despidió de vecinos y amigos sin perder la sonrisa, compadeciéndolos por no poder seguir su suerte. Pero al girar la llave en la cerradura del viejo portón, todos los sentimientos que había conseguido mantener a raya hasta entonces, comenzaron a aflorar. Se metió en el coche con expresión triste y miró hacia atrás cuando abandonaron el pueblo. En
silencio lanzó el último adiós y se sintió como el amante que no valora a su pareja hasta el momento en que se da cuenta de que la ha perdido para siempre. Viajó en silencio, aquel nudo en la garganta le impedía articular palabra. Sus ojos se humedecían continuamente y montones de recuerdos le atormentaban. Se podrían contar con los dedos de una mano las veces que había llorado en su vida adulta, pero ahora no lo podía evitar al comprender que amaba a aquel maldito país mucho más de lo que había imaginado. No conseguía comprender como unos pueblos que durante siglos habían resistido a toda clase de calamidades, podían desaparecer. Cuando abandonaban las últimas tierras de Sobrarbe y ante la insistencia de su hijo y nuera preguntándole si se encontraba bien; con la voz quebrada, acertó a pronunciar una frase que quedó flotando en el aire. Sonó solemne, como si se tratara de una premonición:
- Hoy nos vamos… Pero algún día la gente volverá.
El destino había decidido que Jesús debiera nacer en aquella tierra dura y desagradecida ochenta años atrás. Tierra de pueblos desolados y casas en ruinas: “Sobrarbe”. Hoy aquella palabra no significaba casi nada. Tan apenas se utilizaba. Sin embargo, aquel nombre y aquella tierra encerraban siglos de historia.
Tiempos en que sus habitantes habían luchado por su territorio y por su libertad escribiendo páginas imprescindibles para poder comprender el nacimiento del poderoso reino de Aragón.
Conoció, a lo largo de su vida, todo tipo de miserias y privaciones. Se sentía orgulloso de haber vivido todo aquello, o mejor dicho, de haberlo sobrevivido. Y, sobretodo, de haber podido dar a sus hijos una vida mejor que la suya, lejos de allí. Ahora se encontraba solo, viudo, y lejos de su familia. Viendo cada día el mismo paisaje, las mismas calles empinadas cada vez más desiertas. Apenas quedaban ya jóvenes y niños. ¿Quién iba a querer vivir allí? Pero Jesús tenía motivos para sentirse feliz. El domingo vendrían sus hijos y le llevarían con ellos. En Barcelona no le faltaría de nada. Buen clima, calefacción en el piso y todas las comodidades de las que aquí carecía. Le habían preguntado si echaría de menos el pueblo. ¿El qué?, si en su pueblo ya no quedaba nada que echar de menos.
Llegó el día señalado y Jesús hizo las maletas sin vacilar. Se despidió de vecinos y amigos sin perder la sonrisa, compadeciéndolos por no poder seguir su suerte. Pero al girar la llave en la cerradura del viejo portón, todos los sentimientos que había conseguido mantener a raya hasta entonces, comenzaron a aflorar. Se metió en el coche con expresión triste y miró hacia atrás cuando abandonaron el pueblo. En
silencio lanzó el último adiós y se sintió como el amante que no valora a su pareja hasta el momento en que se da cuenta de que la ha perdido para siempre. Viajó en silencio, aquel nudo en la garganta le impedía articular palabra. Sus ojos se humedecían continuamente y montones de recuerdos le atormentaban. Se podrían contar con los dedos de una mano las veces que había llorado en su vida adulta, pero ahora no lo podía evitar al comprender que amaba a aquel maldito país mucho más de lo que había imaginado. No conseguía comprender como unos pueblos que durante siglos habían resistido a toda clase de calamidades, podían desaparecer. Cuando abandonaban las últimas tierras de Sobrarbe y ante la insistencia de su hijo y nuera preguntándole si se encontraba bien; con la voz quebrada, acertó a pronunciar una frase que quedó flotando en el aire. Sonó solemne, como si se tratara de una premonición:
- Hoy nos vamos… Pero algún día la gente volverá.
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Queremos saber tu opinión
Esta vez y debido a lo que hemos leído en prensa queremos saber tu opinión del cierre del túnel de Bielsa por mejoras. Las fechas ya están en este blog y las hemos visto en los medios.
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Punchacubas... curiosidades
He mirado la web y veo en la cámara que ya está casi todo preparado... Aquí la imagen...

Pero es que además hay otros lugares en los que sale anunciado...
Comer por la patilla
Radio Huesca
Pirineo digital (sección de ocio y agenda)
www.pirineo.com
vivirenlospineos.com (el cartel en este enlace de su web)
y en www.sobrarbenses.com
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Comer por la patilla
Radio Huesca
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y en www.sobrarbenses.com
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Nueva ruta... hacia Puyuelo, Campol y San Martín
Gracias a "La Merienda", a Oliver y a Ángel vamos hacia La Solana. Esta semana a una que le llaman La Caparra, al final sabrás la razón... vale la pena escuchar todo el podcast completo.
Tienes el enlace en este blog AQUÍ y también en el Podcast del programa que como ya sabeis tiene enlace directo al margen del blog, en la captura (enlace pinchando sobre la imagen).
Todas las rutas están con la fecha de emisión del programa y están ordenadas por la fecha. En el Podcast las verás también ordenadas pero sale la primera la última emitida (en Sobrarbenses la última colgada es la última que ha salido, al final).
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11.12.09
Merienda de socias
Este domingo día 13 las socias del Eco (asociación de mujeres) celebrarán la merienda de Santa Lucía. Es en el hotel Sánchez y el precio será de 7 euros. Hay que apuntarse allí. Es por la tarde.
El coro de Sobrarbe en Boltaña
El Coro de Sobrarbe este domingo 13 canta en Boltaña durante la misa.
Al finalizar realizará un concierto de villancicos.
Al finalizar realizará un concierto de villancicos.
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